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En la sociedad
tan dinámica en la que nos encontramos, donde pierde entidad
hacer clientes sólo por precio, debemos dotar a nuestros
productos y servicios de un valor añadido como la calidad
y el servicio postventa.
Los empresarios estamos convencidos
que nuestros productos y servicios son buenos y que nuestros clientes
están plenamente satisfechos, en caso contrario intentamos
poner soluciones, pero el problema es que sólo conocemos
las impresiones de aquellos clientes con los que tratamos de manera
más cercana o que nos han dado sus quejas u opiniones expresamente.
Los sistemas de calidad se
han puesto muy de moda en los últimos años y son requisito
imprescindible para proveer a algunas empresas, pero calidad no
significa necesariamente satisfacción o “calidad bien
entendida”. Los sistemas de calidad, especialmente aquellos
que inciden en los procesos, logran una efectividad da la calidad
en su aspecto más formal y ello no siempre es suficiente
para contentar al cliente, por lo que hay que complementarlos con
métodos propios de la investigación de mercados.
Una herramienta que cada vez
tiene más vigencia para conocer la opinión de nuestros
clientes y mejorar la calidad de servicio son las encuestas de satisfacción
de clientes, que más allá de parecer una encuesta
más, suponen conocer lo que demandan los receptores de nuestros
productos o servicios.
En sectores como el comercio
o negocios de clientela masiva, es la técnica más
adecuada y en ella podemos recoger las sugerencias y opiniones de
los mismo, que luego un equipo investigador analizará para
dar a la gerencia de la empresa las recomendaciones necesarias para
incrementar la satisfacción y por ende vender más
y mejor por la fidelización de los clientes.
En otros sectores donde el
número de clientes sea mínimo, como en el ámbito
de los servicios especializados o gran volumen se utilizan técnicas
cualitativas como las entrevistas en profundidad, es decir, se charla
con el cliente sobre lo que él espera del proveedor y de
los valores que son importantes para la relación comercial,
descubriendo aspectos que nuestros clientes no nos dicen directamente
o que los empresarios no recogemos por falta de tiempo para ello.
Nuestros comerciales son la
punta visible de muchos negocios y por tanto, hay herramientas como
el “mystery shopper” (cliente misterioso), para detectar
su trato y actuación. Algunas corporaciones mandan compradores
misteriosos a su propia empresa para que evalúe la actividad
de los comerciales, ligando un incentivo a los resultados que se
obtengan y forzar así a la mejora permanente del trato personalizado
de los clientes.
La técnica del cliente
misterioso no sólo sirve para evaluar a comerciales y personal
de atención al público, sino que puede servir para
usar un servicio determinado o probar un producto y posteriormente
evacuar sus impresiones y propuestas de mejora.
Todas estas técnicas
suponen finalmente que el cliente sepa de verdad que la empresa
se preocupa por ellos, que más allá de una mera relación
comercial, existe un lado humano que desea atender bien y mejor
a las necesidades y requerimientos de quienes dar sentido a la existencia
de nuestras empresas: los clientes.
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